El fin del mundo

Muchas han sido las conversaciones en que he podido participar sobre este tema, y a todos aquellos que aún están convencidos de esto, les anuncio que ESTA CERCA EL 2012. Aprovecho para desearles lo mejor a todos en este año, y que sea un nuevo comenzar en nuestras vidas, de manera en especial en la relación con ese Dios tan bondadoso que nos regala todo cuanto amamos.

Sobre este tema quisiera abordarlo de la forma más clara posible, así que lo primero será aclarar el origen exacto de este apocalíptico vaticinio para el año 2012. Tiene su origen en el calendario Maya, el cual funciona de manera cíclica, que quiere decir que una vez que termina su cuenta, comienza nuevamente. Este calendario es muy distinto al gregoriano (al nuestro) que continúa infinitamente. De manera que como ejemplo: hoy estamos 1 de enero del 2012, esta fecha no se volverá a repetir jamás, sin embargo en el calendario Maya, una vez que llega a su fecha tope (para nosotros el 21 de diciembre del 2012) sencillamente vuelve a contar desde el principio.

Lo que profundizaré no será el “¿porqué no se acabará el mundo en el 2012?” pues creo que sería insultar a mi amplio público de 2 o 3 personas que me leen. Más bien, lo que quiero profundizar es el hambre de novedad que tiene el ser humano para creer este y otro tipo de cosas similares.

Veamos un poco hacia atrás…

No es la primera ni la segunda vez, en que se predice el famoso “fin del mundo”. Aún recuerdo cuando muchas personas cerraron sus negocios en el 2000, porque indudablemente sería el fin del mundo, vaya Dios a saber cuál era el razonamiento para llegar a esta conclusión. Sin embargo, para ser más claros aún y citando un estudio realizado por la Universidad de California, el mundo se ha acabado nada más y nada menos que 527 veces. Desde la erupción del Vesuvio hasta el grito de Elena G. de White (fundadora de los Adventistas del Séptimo Día) miles de personalidades han aseverado la fecha en que la Tierra dejará de existir. A continuación un listado de los más conocidos vaticinios:

– En el año 79 D.C. los romanos al ver la erupción del Vesuvio asumieron el fin del mundo.
– En 1666, por la sencilla razón de que en la Biblia el número “666” es la marca de la bestia.
– En 1910, con la llegada del cometa Halley se desató la histeria en Europa y Estados Unidos.
– En 1870, los Testigos de Jehová predijeron que el mundo acabaría en 1914.
–  El 5 de mayo del 2000 por la alineación de los planetas.
– En la década de los 80, el televisivo evangelista Pat Robertson dijo que volvería Jesucristo.

Un llamado al sentido común

No tengo ningún reparo en decir que desde la fundación de los Testigos de Jehová en 1870 sus predicciones del fin del mundo han sido constantes, sólo que ahora ya han sido más inteligentes en el asunto y ya no nos dicen una fecha exacta, sino que sólo dicen pronto. ¿Por qué hago esta aclaración? Pues para que tengan presente que si alguien viene a tocarles la puerta a la hora del desayuno para decirles que “el mundo está en decadencia, las guerras, el hambre, todo es una señal, todo estaba predicho, y ahora el fin del mundo está cerca… ¡Pero! Usted puede salvarse si asiste a los Salones del Reino de los Testigos de Jehová (…)” tengan en cuenta que NO es cierto y es una farsa clara, cruel y tajante.

Para aquellos que están aptos a creer cualquier cosa con tres o cuatro citas bíblicas o dos o tres argumentos de la historia de una civilización perdida ¡OJO! “perdida”. El fin del mundo no está en conocimiento de ningún ser humano, y dentro de los seres humanos hemos de contar incluso a Jesús de Nazaret, pues haremos memoria de que ni el Hijo, ni los ángeles saben el día ni la hora, sino sólo el Padre[1].

Dios nos ha dotado con el hermosísimo don de la razón y la inteligencia, de manera que ésta pueda ser iluminada con la luz de la fe que nos viene por las Sagradas Escrituras y por la Tradición de la Iglesia. Algunos se preguntarán por qué he terminado hablando acerca de la fe y de Jesucristo. La sencilla razón es que, el tema del fin del mundo es un teman inevitablemente religioso, pues la ciencia por más datos que contenga y pruebas que fundamente, no podrá jamás fijar ni el día ni la hora. Ya sabemos por la ciencia que el Sol al igual que como con cualquier estrella, se apagará en algún momento, sin embargo por más que la ciencia diga que será en 5000 años, si Dios quiere al mundo aun existiendo, pues existirá. Y desde ya podré entonces escuchar – como muchas otras veces en la historia – las retractaciones por parte de la ciencia en cuanto a pronósticos fallidos. Y es que la ciencia constantemente se renueva y se corrige, pues es justamente una de sus características.

Recientemente escuché un programa de audio (Podcast) llamado Punto de Vista, el cual aliento mucho a que escuchen diariamente: http://www.aciprensa.com/podcast/archivo.php?pod_id=4. En este audio ponía mucho acento no en el fin del mundo, sino en el fin de nuestro mundo. Y en verdad diría yo que es ése el enfoque que debemos darle a la vida, pues deberíamos estar preocupados del fin de nuestra historia, pues de qué me sirve a mí saber el día y la hora del fin del mundo, si de repente me muero hoy de noche. De manera que, muchas veces nos falta un poco de sentido común para abordar los temas cotidianos de la vida. Aliento mucho a que corrijamos con caridad este tipo de dudas y comentarios con respecto a la creciente preocupación o exagerada atención por este tema.

Sepamos eso sí, estar listos para cuando llegue nuestro momento más anhelado, aquél en que podamos estar cara a cara con Jesucristo, pues es para esto para lo que tanto nos esforzamos por ser mejores.

 

 


[1] Mateo 24, 36

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