La infidelidad

Hoy en día el tema de la infidelidad se lo ha vinculado mucho con las relaciones de parejas, en el matrimonio, y muchas veces se piensa incluso que debe existir una muchedumbre para validar el compromiso adquirido al cual se busca ser fiel.  En el mundo en que vivimos se nos dificulta mantener dicho compromiso, promesa,  pacto o como lo quieran llamar, al cual buscamos en un principio ser fieles. Y es que la sociedad progresista en la que vivimos busca en cada instante extravagancias en las cosas que se hacen, ocasionando que dichas cosas caigan en lo superficial o muchas no terminen de responder plenamente al ser humano, que al final termina incurriendo en una infidelidad contra aquel compromiso adquirido por propia voluntad.

Es por esto que cuando hablamos de infidelidad siempre hay que pensar en los pequeños detalles. Las personas nos acostumbramos a pensar en las cosas grandes y de mayor compromiso aparentemente, que muchas veces olvidamos la importancia de las cosas pequeñas que hacemos ya sea en nuestros trabajos, en nuestros hogares, con nuestras familias, hermanos, amigos, enamoradas(os), esposos(as) etc. Y es que la virtud de la fidelidad penetra tan hondo en la vida del cristiano que no podemos aislarla a una acción o momento especifico, pues la virtud abarca la vocación misma a la que somos llamados a vivir ya sea en la vida religiosa, el sacerdocio o el matrimonio.

Y a todo esto debemos preguntarnos, ¿Por qué somos infieles? El hombre contemporáneo casi  terror a la palabra compromiso porque sospecha que limita su libertad. Este es un gran error, ya que más bien la llena de contenido: ver el ejemplo de alguien fiel hasta el final nos confirma de aquello por lo que nos hemos esforzado, verdaderamente vale la pena.  Y por supuesto hay que también comprender que desde una visión cristiana, en el amor verdadero la fidelidad es algo que no puede estar ausente.

También podemos encontrar muchas veces que el ser fiel implica para muchos un esfuerzo sobrenatural. Estamos acostumbrados a las cosas fáciles, y por ende poco duraderas, donde como mencionaba anteriormente las cosas impliquen un compromiso menor o mejor aún, que no existiese compromiso.

La infidelidad no está únicamente vinculada con la relaciones de enamorados y pareja de esposos.  Sino que dentro del marco cristiano, el ser fiel implica el obrar a cada instante en las cosas que hacemos para alcanzar nuestro ideal de santidad.  En la medida que seamos fieles en las cosas pequeñas, como por ejemplo  nuestra coherencia en las obras o nuestro testimonio con las personas.

La inclinación a la infidelidad va estar presentes siempre en nuestras vidas a raíz del pecado original. Pero desde una visión esperanzadora, la virtud de la fidelidad nos une a aquel Dios que supo mantenerse fiel en su promesa de salvarnos al enviarse a Su Hijo, en un Niño nacido en Belén hace unos días. Aquella visión esperanzadora debe ir de la mano con nuestra coherencia en cada cosa que hacemos o dejamos de hacer, con cada compromiso que adquirimos y porqué lo estamos haciendo, por cada promesa, pacto o alianza a la cual debemos responder con generosidad y siempre teniendo en mente aquello para lo que estamos llamados.

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