“Cada quien tiene su verdad…”

La existencia de la verdad en nuestra vida es indispensable, es tan indispensable como la capacidad que debemos tener para discernir entre aquello que es cierto, como para aquello que no lo es.
En el transcurso de nuestra vida, se ha hecho bastante común el escuchar por lo menos en una conversación – si no somos nosotros quienes lo decimos – que, “cada quien tiene su verdad, la cual hay que respetar, siempre y cuando no haga daño a nadie”.

Primero que nada, pasemos a aclarar, ¿que es el Relativismo?
De manera sencilla, es una postura filosófica que no acepta ningún tipo de afirmación universal, en otras palabras, alguna verdad que sea absoluta. Para hacerlo mas practico voy a recurrir al diccionario de consuelo, Wikipedia: “El relativismo es una posición filosófica que sostiene en ciertos aspectos que no existen hechos o principios universales compartidos por todas las culturas humanas”[1].
De allí que, valiéndose de esta definición a modo de bandera, se ha tirado al campo de lo opinable, una serie de cuestiones que, en ultima instancia, no son ni siquiera discutibles. Con esto llegamos a nuestra primera conclusión, no todo es opinable. Lo que se conoce de forma inequívoca no es opinable, sino cierto. Y no se debe tomar lo cierto como opinable, ni viceversa.   Y en algo hemos de ser claros, y es que todos tenemos derecho a opinar, sin embargo, ello no significa en ningún momento que, no exista ya una realidad objetiva de aquello de lo que se opina… seré mas claro:
Si Juanito sale de su casa un día soleado, y levanta la mirada hacia el cielo, podrá contemplar que el cielo que nos cobija a todos – sin excepción – se refiere a la zona gaseosa mas densa de la atmosfera de un planeta, que en un día soleado generalmente se ve de color celeste. Si, siguiendo nuestro ejemplo, Anita sale de su casa al mismo tiempo que Juanito, y de repente dice que el cielo esta hecho de algodón de azúcar y que es de color rosado, seguramente la premisa de: “cada quien tiene su verdad, la cual hay que respetar, siempre y cuando no haga daño a nadie”  no podría ser aplicada, o al menos una persona sincera que tenga un poco de sentido común y amor a la lógica y la verdad, no aceptaría una premisa de estas, sino que sencillamente, llegamos a la conclusión de que esta equivocada. No porque pensamos algo distinto, sino porque la ciencia y las leyes meteorológicas nos hacen una aseveración irrefutable, que presenta evidencias de carácter absoluto.

¿Da lo mismo una opinión que otra?
Decía Sócrates que, las opiniones no deberían ser contadas sino pesadas, y en esto tenia mucha razón, pues de lo que mas carece un gran numero de personas, en nuestros tiempos, es de sentido común al momento de emitir una opinión, especialmente en el ámbito publico, donde – como diría mi madre – hablan porque tienen boca. En otras palabras pues no, no da lo mismo una opinión que otra. Ciertamente hay opiniones que merecen ser consideradas, y otras que merecen ser ignoradas, y no se trata aquí de una falta de respeto – o falta de tolerancia, como dirían algunos – sino que más bien, la verdadera falta de respeto seria aceptar opiniones que abiertamente y en concordancia con la historia o la ciencia, no son verdad.
Frente a esta realidad, vale la pena citar al Beato Juan Pablo II, quien en la introducción de una de sus Cartas Encíclicas, al referirse al hombre, nos recuerda que: “siempre permanece en lo mas profundo de su corazón la nostalgia de la verdad absoluta y la sed de alcanzar la plenitud de su conocimiento.”[2]
Esta nostalgia y sed de verdad, es la que debemos analizar con inteligencia y razón, pues de que le sirve al hombre ser un escéptico[3]si con ello no responderá jamás a las preguntas fundamentales de la vida, o peor aun – para aquellos que ni siquiera se toman la molestia de preguntárselas – ¿de qué le sirve al hombre vivir, si en su vida no busca la verdad? Esta es la realidad de la sociedad en la que vivimos, no solo que algunos no se preocupan por buscar la verdad, si no que muchos se conforman con lo que escuchan de los demás, y en base a esto, forman un juicio (lejos de la realidad y cerca del error).

El peso de la mayoría
La intención de este articulo es tratar el tema del relativismo, pero vale la pena citar esta sentencia que no pocas veces debo escuchar, especialmente en la Universidad, y lo haré a manera de dialogo:

“- A Juan Pablo II no debieron haberlo beatificado, todo es una farsa.
– ¿Ah si? ¿Por que?
–  Porque igual el no fue casto, sino que tuvo romances…
– ¿Romances? ¿Con quien y cuando?
– No se pues, así escuché en las noticias”


Indistintamente del tema en cuestión, lo que mas tristeza da – a nivel intelectual – es que, invocar a la mayoría como criterio de verdad, equivale a despreciar la inteligencia, y es un signo de falta de personalidad y de interés a nivel personal. No es otra cosa que, la pereza de investigar con sentido critico la información que se nos proporciona. Y bueno, ¿porque he tocado este punto?, sencillo pues, es ésta la razón por la que la mucha gente prefiere declararse agnóstica, o peor aun, tienden a defender su ignorancia o su postura, con el argumento de que “cada quien tiene su verdad”.

No caigamos pues, en el error de sostener y defender una falsa tolerancia, pues hemos de recordad que no existe la caridad sin la verdad. En otras palabras, el hecho de no buscar la verdad representa una falta de amor hacia nosotros mismos, pero el aceptar el error de otros representa una verdadera falta de respeto y amor con los demás.

A esto saltaría la pregunta que trasciende la conciencia humana, pronunciada hace mas de dos mil años por el procurador romano Poncio Pilato: << ¿Qué es la verdad?>>[4]. Algunos autores cristianos insisten en poner a Poncio Pilato como el primer escéptico frente a la Verdad, que ya no era una idea, o una apreciación filosófica, sino que, pasó a ser una Persona que se encontraba frente a el.
No adoptemos pues, esta postura conformista o escéptica ante la vida, más bien, tengamos la valentía de abrirnos a un verdadero camino hacia la libertad. Ciertamente, si el procurador romano hubiese investigado un poquito mas acerca de su acusado, habría sabido que Él mismo se proclamo como el <<Camino, la Verdad y la Vida>>[5], lo que le hubiese ahorrado su interrogatorio.

Sepamos ser más críticos y objetivos ante la realidad, y no cedamos nuestro parecer ante las explicaciones más extravagantes o apetecibles sobre cualquier tema. Sepamos tener personalidad y ser críticas ante la realidad que nos rodea.
Tener como bandera de defensa que “cada quien tiene su verdad”, es verdaderamente un argumento pobre, que tan solo revela una falta de interés hacia el sentido de la vida.


[2] Carta Enciclica Veritatis Splendor de Juan Pablo II, pag. 5

[3] Llamamos escéptico al que niega toda posibilidad de ir más allá de la opinión. Por tanto, el escepticismo es la postura que niega la capacidad humana para alcanzar la verdad.

[4] Jn. 18, 38

[5] Jn. 14, 6

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