¿La televisión única responsable de la violencia en el mundo?

 

Son varios los programas de televisión que utilizan la violencia física y moral como primer y único recurso para alcanzar un objetivo, justificando estos medios por el fin que para “variar” es conquistar el mundo, conseguir un gran motín luego de un robo, noticieros que solo venden sangre; en fin producciones que degradan las vivencias “reales” del ser humano.

Es muy fácil observar como ahora “Los héroes” se han convertido en villanos dejando a su paso muertes, infidelidades, seducciones, insultos, etc., un sin número de acciones mal enaltecidas; como por ejemplo: El capo –producción colombiana- novela dedicada a un mafioso o el recordado James Bond puesto como prototipo de hombre galán, seductor toda una atracción, y el trasfondo, ese pequeño gran detalle que dejamos a un lado, son villanos que recurren a la violencia, pero disfrazados de héroes.

Todos los programas de televisión –series y novelas- provocan una identificación-proyectiva a quien lo vea sin importar edad, “porque este incluye también una presentación figurativa, en la que los efectos de luz y de sonido se unen con particular atractivo, de forma tal que penetran no sólo en la inteligencia y en las demás facultades, sino en todo el hombre, obligándole en cierto modo a que participe personalmente en la escena representada”[1]. Pero, ¿Quién es verdaderamente el culpable?, es cierto la televisión transmite, informa y enseña cosas buenas y malas, muchas veces en horarios no adecuados para el target que lo recepta, pero ¿Quién permite que los niños y adolescentes vean esto?, ¿qué hace un televisor en el cuarto de un niño? “La moderación en el empleo de la televisión, la discreta admisión de los hijos, según su edad, a ciertos programas; la formación de un criterio recto sobre los espectáculos vistos y, finalmente, el apartarlos de programas que no les convengan pesa como un grave deber sobre la conciencia de los padres y de los educadores”[2].

Los niños son curiosos exploradores, están reconociendo lo que los rodea, comenzando a imitar física y psicológicamente todo lo que ven, y en la adolescencia es cuando se vive con mayor intensidad esa búsqueda de una identidad pero se reduce a buscar ser aceptados en la sociedad a través de modas, amistades, cosas accesorias etc. Y es que esta formación de juicios y criterios de valor no deben darse a través de un televisor, sino en nuestra familia, la misma que debe tener como centro a Dios, no al dinero y comodidades pasajeras; esa visión a sido una de las causas de tantas familias disfuncionales; que forman hombres y mujeres con visiones chatas dirigidas solo al tener, poder y placer.

La televisión no es la única responsable de la violencia en el mundo pero si una de las causas, pues “no da las armas pero enseñan como manejarlas”. s/d; si podemos cambiar esta realidad, mejor dejemos de buscar culpables y hagamos algo, como estudiante de comunicación consiente de los maravillosos dones que Dios me ha dado y defensora de aquellas producciones que si contribuyen a este cambio, lanzo un reto a todos los que formamos parte de los medios de comunicación a sacar de nuestra mente la frase “pero eso vende” es obvio que va  vender si es lo único que se ha dado al público, nos hemos enseñado a eso; dejemos a un lado esas palabra mediocres y demos dignidad a los contenidos de nuestras producciones.


[1] Miranda prorsus, Carta encíclica de S.S.Pío XII sobre el cine, la radio y la televisión,17

[2] Miranda prorsus, Carta encíclica de S.S.Pío XII sobre el cine, la radio y la televisión, 35

Son varios los programas de televisión que utilizan la violencia física y moral como primer y único recurso para alcanzar un objetivo, justificando estos medios por el fin que para “variar” es conquistar el mundo, conseguir un gran motín luego de un robo, noticieros que solo venden sangre; en fin producciones que degradan las vivencias “reales” del ser humano.

Es muy fácil observar como ahora “Los héroes” se han convertido en villanos dejando a su paso muertes, infidelidades, seducciones, insultos, etc., un sin número de acciones mal enaltecidas; como por ejemplo: El capo –producción colombiana- novela dedicada a un mafioso o el recordado James Bond puesto como prototipo de hombre galán, seductor toda una atracción, y el trasfondo, ese pequeño gran detalle que dejamos a un lado, son villanos que recurren a la violencia, pero disfrazados de héroes.

Todos los programas de televisión –series y novelas- provocan una identificación-proyectiva a quien lo vea sin importar edad, “porque este incluye también una presentación figurativa, en la que los efectos de luz y de sonido se unen con particular atractivo, de forma tal que penetran no sólo en la inteligencia y en las demás facultades, sino en todo el hombre, obligándole en cierto modo a que participe personalmente en la escena representada”1. Pero, ¿Quién es verdaderamente el culpable?, es cierto la televisión transmite, informa y enseña cosas buenas y malas, muchas veces en horarios no adecuados para el target que lo recepta, pero ¿Quién permite que los niños y adolescentes vean esto?, ¿qué hace un televisor en el cuarto de un niño? “La moderación en el empleo de la televisión, la discreta admisión de los hijos, según su edad, a ciertos programas; la formación de un criterio recto sobre los espectáculos vistos y, finalmente, el apartarlos de programas que no les convengan pesa como un grave deber sobre la conciencia de los padres y de los educadores”2.

Los niños son curiosos exploradores, están reconociendo lo que los rodea, comenzando a imitar física y psicológicamente todo lo que ven, y en la adolescencia es cuando se vive con mayor intensidad esa búsqueda de una identidad pero se reduce a buscar ser aceptados en la sociedad a través de modas, amistades, cosas accesorias etc. Y es que esta formación de juicios y criterios de valor no deben darse a través de un televisor, sino en nuestra familia, la misma que debe tener como centro a Dios, no al dinero y comodidades pasajeras; esa visión a sido una de las causas de tantas familias disfuncionales; que forman hombres y mujeres con visiones chatas dirigidas solo al tener, poder y placer.

La televisión no es la única responsable de la violencia en el mundo pero si una de las causas, pues “no da las armas pero enseñan como manejarlas”. s/d; si podemos cambiar esta realidad, mejor dejemos de buscar culpables y hagamos algo, como estudiante de comunicación consiente de los maravillosos dones que Dios me ha dado y defensora de aquellas producciones que si contribuyen a este cambio, lanzo un reto a todos los que formamos parte de los medios de comunicación a sacar de nuestra mente la frase “pero eso vende” es obvio que va  vender si es lo único que se ha dado al público, nos hemos enseñado a eso; dejemos a un lado esas palabra mediocres y demos dignidad a los contenidos de nuestras producciones.

1.- Miranda prorsus, Carta encíclica de S.S.Pío XII sobre el cine, la radio y la televisión,17

2.-Miranda prorsus, Carta encíclica de S.S.Pío XII sobre el cine, la radio y la televisión, 35

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